viernes, 28 de octubre de 2011

Las puertas de la percepción

Sobre la soledad.

 “Si las puertas de la percepción se purificaran
todo se le aparecería al hombre como es, infinito.”
William Blake


(…)
A pesar de los setenta años de investigación sobre la mescalina, el material psicológico a disposición era todavía absurdamente insuficiente y el hombre deseaba mucho aumentarlo. Yo estaba allí y dispuesto deseándolo muy de veras – a actuar de conejillo de Indias. Es así como en una luminosa mañana de mayo ingerí cuatro décimas de gramo de mescalina disueltas en medio vaso de agua y me senté a esperar los resultados.
Vivimos juntos y actuamos y reaccionamos los unos sobre los otros, pero siempre, en todas las circunstancias, estamos solos. Los mártires entran en el circo tomados de la mano, pero son crucificados aisladamente. Abrazados, los amantes tratan desesperadamente de fusionar sus aislados éxtasis en una sola auto trascendencia, pero es en vano. Por su misma naturaleza, cada espíritu con una encarnación está condenado a padecer y gozar en la soledad. Las sensaciones, los sentimientos, las intuiciones, imaginaciones y fantasías son siempre cosas privadas y, salvo por medio de símbolos y de segunda mano, incomunicables. Podemos formar un fondo común de información sobre experiencias, pero no las experiencias mismas. De la familia a la nación, cada grupo humano es una sociedad de universos islas.
La mayoría de los universos islas tienen las suficientes semejanza entre sí para permitir la comprensión por inferencia y hasta la empatía o "dentro del sentimiento". Así,  recordando nuestras propias aflicciones y  humillaciones, podemos condolernos de otros en análogas circunstancias, podemos ponernos -siempre desde luego un poco al estilo Pickwick- en su lugar. Pero, en ciertos casos, la comunicación entre universos es  incompleta o hasta inexistente. La inteligencia es su propio lugar y los lugares habitados por los insanos y los excepcionalmente dotados son tan diferentes de aquellos en que viven los hombres y mujeres corrientes que hay poco o ningún terreno común de memoria que pueda servir de base para la comprensión o la comunidad de sentimientos Se pronuncian las palabras, pero son las palabras que no ilustran. Las cosas y los acontecimientos a que los símbolos hacen referencia pertenecen a campos de experiencia que se excluyen mutuamente.
Vernos a nosotros mismos como los demás nos ven es un don en extremo conveniente. Apenas es menos importante la capacidad de ver a los demás como ellos mismos se ven. Pero ¿qué pasa si los demás pertenecen a una especie distinta y habitan en un universo radicalmente extraño? Por ejemplo,  ¿cómo puede el cuerdo llegar a saber lo que realmente se siente cuando se está loco? O, a menos que también se haya nacido visionario, médium o genio musical, ¿cómo podemos visitar  los mundos en los que Blake, Swedenborg o Johann Sebastian Bach se sentían en su casa? Y ¿cómo puede un hombre que se halla en los límites extremos de la ectomorfia y cerebrotonía ponerse en el lugar de otro situado en los límites de la endomorfia o viscerotonía o, salvo en ciertas zonas muy circunscriptas, compartir los sentimientos de quien se encuentra en los límites de la mesomorfía o somatotonía? Supongo que estas preguntas carecen de sentido para el behaviourista sin paliativos, atento únicamente a los comportamientos. Pero, para quienes teóricamente creen lo que en la practica saben que es verdad -concretamente, que  hay un interior para la experiencia, lo mismo que un exterior-, los problemas planteados son problemas reales, tanto más graves cuanto que algunos son completamente insolubles y otros solubles tan sólo en circunstancias excepcionales y por métodos que no están al alcance de cualquiera. Así, parece virtualmente indudable que nunca sabré qué se siente cuando se es un Sir John Falstaff o un Joe Louis. En cambio, siempre me ha parecido que, por ejemplo, mediante la hipnosis o la autohipnosis, por medio de una meditación sistemática o también tomando la droga adecuada, es posible cambiar mi modo ordinario de conciencia hasta el punto de quedar en condiciones de saber, desde dentro, de qué hablan el visionario, el médium, y hasta el místico.
(...)
Aldous Huxley







"Las puertas de la percepción" (1954), texto completo: http://mazar.files.wordpress.com/2009/01/puertas.pdf
(En inglés: http://www.mescaline.com/aldoushuxley-doorsofperception.pdf)

domingo, 23 de octubre de 2011

lunes, 17 de octubre de 2011

*



Desorden.



Desequilibrio.



Infrecuencia.


"Y cuando pensé en la vida misma, me dí cuenta de que en un sentido la estaba transitando sin sentir emoción alguna. Espié para atrás y miré con indiferencia lo que había perdido. Dí media vuelta y seguí caminando."

El sol es el mismo




   
EL RELOJ

¡Reloj! Dios siniestro, espantoso, impasible,
cuyo dedo amenaza, diciéndonos "¡recuerda!"
Los vibrantes dolores en tu asustado pecho,
Se clavarán pronto como en un blanco;

El placer vaporoso huirá hacia el horizonte
Como escapa una sílfide entre los bastidores;
Arranca cada instante un trozo de delicia
Concedida a los hombres en su época mejor.

Tres mil seiscientas veces cada hora, el Segundo
Susurra "¡Acuérdate!" -Con voz vertiginosa
De insecto, Ahora dice: "¡soy Antaño,
y con mi trompa inmunda ya succioné tu vida!"

¡Remember! ¡Recuerda! ¡Oh pródigo! ¡Esto memor!
(Mi garganta metálica habla todas las lenguas)
El minuto, oh mortal aturdido, es la veta
Que no hay que abandonar sin extraer su oro.

Acuérdate que el Tiempo es un jugador ávido
Que vence sin trampas y siempre; esa es la ley
El día se muere; crece la noche; ¡recuerda!
el abismo está sediento; se vacía la clepsidra.

Pronto sonará la hora en que el divino Azar,
O la augusta Virtud, tu virgen esposa,
O el arrepentimiento (¡Oh, esa posada última!)
o todos te dirán: "¡Muere, viejo cobarde! ¡Es tarde! "

Charles Baudelaire – Las flores del mal
TIME

Ticking away the moments that make up a dull day
You fritter and waste the hours in an offhand way
Kicking around on a piece of ground in your home town
Waiting for someone or something to show you the way

Tired of lying in the sunshine
Staying home to watch the rain
And you are young and life is long
And there is time to kill today
And then one day you find
Ten years have got behind you
No one told you when to run
You missed the starting gun

And you run, and you run to catch up with the sun, but it's sinking
Racing around to come up behind you again
The sun is the same in a relative way, but you're older
Shorter of breath and one day closer to death

Every year is getting shorter
Never seem to find the time
Plans that either come to nought
Or half a page of scribbled lines
Hanging on in quiet desparation is the English way
The time is gone
The song is over
Thought I'd something more to say

Home, home again
I like to be here when I can
When I come home cold and tired
It's good to warm my bones beside the fire
Far away across the field
The tolling of the iron bell
Calls the faithful to their knees
To hear the softly spoken magic spells

Pink Floyd – The dark side of the moon



martes, 11 de octubre de 2011

Jack White I

Primera parte: Infancia. Adolescencia. Inicio en la música. Influencias.



* Aclaración 1: es la primera versión.
* Aclaración 1 bis: faltan los subtítulos del primer fragmento.

sábado, 8 de octubre de 2011

El almohadón de plumas

Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 / Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. Sus relatos breves a menudo retratan a la naturaleza como enemiga del ser humano bajo rasgos temibles y horrorosos. La vida de Quiroga, marcada por la tragedia, los accidentes de caza y los suicidios, culminó por decisión propia, cuando bebió un vaso de cianuro en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires a los 58 años de edad, tras enterarse de que padecía de cáncer de próstata.
Transcribo el cuento "El almohadón de plumas", relato que quedará para siempre en mi memoria como uno de los más escalofriantes que jamás haya leído. Se lo dedico a mi hermana mayor, que, desde la distancia, me dio la idea de hacer esta publicación.

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.
Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.
Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.
En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.
-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.
Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.
Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.
-¡Soy yo, Alicia, soy yo!
Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.
Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
-Pst... -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio... poco hay que hacer...
-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.
Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.
Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.
Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.
-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.
Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.
-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

La selva y el manicomio

Hoy tuve un buen día. Yendo de allá para acá, de acá para allá. Me distraje, no sufrí mis habituales ataques de neurosis. Bueno… tal vez uno leve al despertar.
No pensé mucho en ese tiempo. Aunque, ineludiblemente, en algún momento del día siempre pienso en él. Siempre hay algo que me lo recuerda. Se infiltra en mi cabeza de una forma sorprendente. Casi sin querer.
Voy repasando los acontecimientos, desde el principio.
Era un tipo… tímido, torpe. A veces lo miraba y pensaba que no le importaba nada, que la vida había perdido interés para él. Cada vez que lo miraba pensaba que era un tipo raro. Y que era extraordinariamente bello. Cosa rara… Nunca pude acostumbrarme al impacto que me producía verlo.
Lo encontré en un lugar extraño: un manicomio. Los convencionalismos no sirvieron de nada. Repito: era una casa para locos. Distintas circunstancias nos habían puesto en ese lugar. Yo sufría ataques de ansiedad y él, esquizofrenia. ¡Las coincidencias eran asombrosas!
Nos encontrábamos en ese loquero, en otros loqueros, y afuera de los loqueros. Encuentros cortos, casi con gusto a clandestinidad.
Cuando me dieron de alta, fijamos un punto de encuentro. Una selva, con artefactos que me recordaban al manicomio. Nos rodeaban animales salvajes, criaturas de otros mundos, plantas de especies exóticas. Era un paisaje fértil, para huir unas horas de la monotonía de la vida real.
Con el tiempo empezaron los problemas, porque a mí el espacio me quedaba chico. Cuando iba a buscarlo sentía una desazón que nada tenia que ver con los animales salvajes. Pero nunca pudimos ponernos de acuerdo para buscar una alternativa. A mí no me iban a admitir de nuevo en el loquero: cuando te dan de alta, ya no quieren volver a verte. Insisten en que estás curado, y que, en cualquier caso, deberías buscar otro médico. Y él no quería buscar otro lugar, por temor a que nos encontraran. La selva era segura, y él todavía tenía delirios persecutorios.
Me resigné a lo evidente y dejamos al tiempo transcurrir. Después de todo, era divertido correr por entre los árboles, hablar por horas a la sombra de las hojas de palma, ver piedras rodar y luchar con fantasmas. Pero siempre flotaba en el aire un aroma perecedero, que ni el perfume de las flores podía neutralizar.
Había días en que no cruzábamos palabra. Estábamos tan absortos, cada uno en sus pensamientos, que no nos dábamos cuenta de la existencia del otro; casi la olvidábamos. Implícitamente, los dos sabíamos que el otro sentía ese olor agrio.
Empecé a creer que ese aroma indefinible provenía de algo que se nos había perdido, y estudiaba con paciencia todos los pasos que habíamos dado, para ver si descubría su origen. Y comencé a mirarlo como a un extraño, un ser que simplemente estaba ahí, pero que podía desaparecer si así lo deseaba. El espacio en el que habíamos confiado podía no estar ahí la próxima vez.
Cada día corríamos menos, y hablábamos menos aún. Cuando lo encontraba, después de largas caminatas solitarias, pasaban unos segundos antes de que recordara cuál era la razón por la que estaba ahí. Nunca supe si él también pensaba lo mismo.
Por momentos nos acercábamos de nuevo, y otra vez las palmeras, otra vez las corridas agotadoras, otra vez los bichos… y otra vez los monstruos. Y la fragancia seguía ahí.
No recuerdo cuánto tiempo duró esa época. Era un poco irreal. Un día llegué a la habitación, y no había nada, ¡estaba vacía! Ni animales salvajes, ni criaturas de otros mundos, ni plantas de especies exóticas, ni hamacas, ni cables. Me sorprendió descubrir que no me sorprendía. Entonces caí en la cuenta de lo que era esa esencia. Di media vuelta y salí caminando despacio, pensando, recordando viejos tiempos.
Había vuelto a la vida real, y siempre había sabido que pertenecía a ese lugar... Aunque, ahora que lo pienso, nunca debieron darme de alta en el manicomio.

jueves, 6 de octubre de 2011

Folk Jansch

Bert Jansh nació el 3 de noviembre de 1943, en Glasgow. De orígenes muy humildes, tuvo que pedir prestadas las guitarras para dar sus primeros conciertos, y muy pronto empezó a escribir su propia música.
Fue en 1965 cuando grabó su primer álbum, Bert Jansch, con guitarras prestadas. El disco causó sensación por su innovadora técnica y sus potentes canciones. Incluía la controvertida canción "Needle of Death" (aguja de muerte) basada en la adicción a la heroína de un músico, lo que hizo extender el rumor de que él mismo era drogadicto.
Ese mismo año grabó su segundo álbum, It don’t bother me, junto a su compañero de piso John Renbourn, otro virtuoso de la guitarra, y el dúo se convirtió muy pronto en una de las sensaciones de la música folk del momento.
En 1966 grabó Jack Orion, en el que comenzó a explorar en nuevas modalidades del folk tradicional.
El guitarrista formó en 1967 el grupo Pentangle que comenzó a mezclar la música folk con sonidos psicodélicos, jazz e incluso con el pop. Sus compañeros eran John Renbourn, Jacqui McShee, Danny Thompson y Terry Cox.
Las discusiones con otros miembros de la banda, disputas legales y problemas con el alcohol acabaron en 1973 con la exitosa formación aunque se juntaron posteriormente para conciertos puntuales.
Jansch se dedicó a su carrera solista, y su primero álbum fue Crimson Moon, publicado en el año 2000.
A lo largo de estos años, trabajó con una larga lista de admiradores como Devendra, Neil Young o Pete Doherty.
Bert falleció el 5 de octubre de 2011, a los 67 años, tras una larga lucha contra el cáncer.


  
When sadness fills your heart
And sorrow hides the longing to be free
When things go wrong each day
You fix your mind to 'scape your misery

Your troubled young life
Had made you turn
To a needle of death

How strange, your happy words
Have ceased to bring a smile from everyone
How tears have filled the eyes
Of friends that you once had walked among

Your troubled young life
Had made you turn
To a needle of death

One grain of pure white snow
Dissolved in blood spread quickly to your brain
In peace your mind withdraws
Your death so near your soul can't feel no pain

Your troubled young life
Had made you turn
To a needle of death

Your mother stands a'cryin'
While to the earth your body's slowly cast
Your father stands in silence
Caressing every young dream of the past

Your troubled young life
Had made you turn
To a needle of death

Through ages, man's desires
To free his mind, to release his very soul
Has proved to all who live
That death itself is freedom for evermore

And your troubled young life
Will make you turn
To a needle of death

martes, 4 de octubre de 2011

Efímero

Deslumbrada por un paisaje perecedero
Sospechar es peligroso
Golpeada por una revelación,
advertida de lo efímero… y lo tangible de lo efímero

Incapaz de moverme un milímetro:
el silencio abismal, o una pantomima consciente
Una caricia vana, mil trampas
Un débil esfuerzo… inútil, solitario

Perpleja, preparo mi salida de escena
Como el actor de una representación ridícula
Pasar desapercibido no siempre es lo mejor,
pero nunca me convenció el drama.

Cuando se vaya tu música, me va a aturdir el silencio.

domingo, 2 de octubre de 2011

"La música es infinita"

Una reseña muy breve de la historia de John Frusciante: Juan nació en Queens, Nueva York, el 5 de marzo de 1970. En 1988, luego de la muerte por sobredosis de Hillel Slovak, se unió a Red Hot Chili Peppers como guitarrista y participó en los discos Mother's Milk (1989) y Blood Sugar Sex Magik (1991). En 1992 se retiró de la banda, ya que no podía enfrentar su creciente popularidad.

Los años 1992 a 1997 estuvieron marcados por su adicción a las drogas y por profundas depresiones, a las que hizo frente mediante un tratamiento de rehabilitación.

En 1998, tras el despido de Dave Navarro como guitarrista de los Peppers, Flea y Antonio le propusieron a Juan que regresara a la banda, lo que aceptó sin dudar. Ya se encontraba rehabilitado del consumo de drogas, y había encontrado un nuevo sentido en una vida de espiritualidad y ascetismo.

Durante el período 1998/2009 grabó junto a los Peppers los álbumes Californication (1999), By The Way (2002) y Stadium Arcadium (2006). En el año 2009 anunció su retiró de la banda para dedicarse a su carrera como solista.

Su carrera en solitario incluye materiales grabados en su primer alejamiento de los Peppers y en los años sucesivos. Sus discos son los siguientes:

– Niandra lades and usually just a T-shirt (1994)

– Smile from the streets you hold (1997)

– To record only water for ten days (2001)

– From the sounds inside (2001)

– Shadows collide with people (colaboración con Josh Klinghoffer) (2004)

– The will to death (2004)

– Inside of emptiness (2004)

– A sphere in the heart of silence (colaboración con Josh Klinghoffer) (2004)

– Curtains (2005)

– The Empyrean (2009)

Además, colaboró en álbumes de diversos artistas y bandas, como The Mars Volta, su guitarrista Omar Rodríguez López, Josh Klinghoffer y otros.

En el video que armé se ven imágenes de Funky Monks, un documental acerca de Red Hot Chili Peppers y el proceso de grabación del álbum Blood Sugar Sex Magik. La grabación fue realizada en una mansión de California, a la que luego regresaron para grabar Stadium Arcadium.

Es decir que abarca sólo la primera participación de Frusciante en los Peppers y no incluye su trabajo como solista ni su vuelta a la banda.

(En pantalla completa no tiene muy buena definición).





Clic en la imagen, y un tema del álbum "Shadows Collide With People":