domingo, 26 de febrero de 2012

DOS de Dolina

UNO: La TRISTEZA de los Domingos a la tarde




DOS: EL arte de la IMPOSTURA
El hombre de nuestros días vive tratando de causar buena impresión. Su principal desvelo es la aprobación ajena. Para lograrla existen diferentes métodos y estrategias.
    Algunos ejercen la inteligencia, otros se deciden por la tenacidad o la belleza, otros cultivan la santidad o el coraje.
    Sin embargo, por ser todas estas virtudes muy difíciles de cumplir, ciertos pícaros se limitan a fingirlas.
    Por cierto que tampoco esto es sencillo: el engaño es una disciplina que exige atenciones y cuidados permanentes.
    Por suerte para los hipócritas y simuladores, existe desde hace mucho tiempo el Servicio de Ayuda al Impostor.

    I  Basándose en modernos criterios científicos, los especialistas de la organización instruyen, aconsejan, dictan clases, resuelven casos particulares y difunden las técnicas más refinadas para obtener apariencias provechosas.
    Cuando algún zaparrastroso quiere presumir de elegante, el Servicio le recomienda sastres, lociones y corbatas.
    Si se trata de aparentar cultura, el cliente tiene a su disposición frases hechas, aforismos brillantes y gestos de suficiencia.
    Los que pretenden pasar por guapos son adiestrados en el arte del aplomo y la compadrada.
    Muchos pobres practican para fingirse ricos, y muchos ricos se esfuerzan por parecer indigentes.
    Hay que decir que algunos postulantes son muy adoquines y no alcanzan a completar los cursos. Otros tienen características tan marcadas que resulta imposible disimularlas.
    Durante muchos años, los hipócritas aplazados debieron resignarse a mostrar crudamente sus verdaderas y abominables condiciones, o bien a ser descubiertos en sus torpes fraudes. Pero con el tiempo, el Servicio encontró una fórmula drástica para socorrer a los menos favorecidos. Así nació el reemplazo liso y llano como recurso extremo.
    Imaginemos a un morocho tratando infructuosamente de ingresar en un selecto club nocturno. El hombre fracasa con las tinturas y el maquillaje.
    Inmediatamente el servicio designa a un rubio cabal en su reemplazo. El impostor entra sin problemas a la milonga y en nombre del morocho rechazado baila y se divierte toda la noche.
    Los ejemplos son innumerables: estudiantes mediocres que se hacen reemplazar en los exámenes; enamorados tímidos que -como Cyrano de Bergerac- mandan en su lugar a un picaflor; empleados capaces que para lograr un ascenso envían a un chupamedias y personas hartas de su familia que se hacen substituir en los cumpleaños.
    El Servicio de Ayuda al Impostor ha ido perfeccionando la tecnología del reemplazo con disfraces impecables. Se sospecha que hoy en día, la mayoría de las personas que uno trata son en realidad agentes de la organización. Nuestros amigos, nuestras novias, nuestros gobernantes y nuestros cuñados pueden haber sido reemplazados por impostores profesionales. Tal vez yo mismo estoy fingiendo escribir estas minucias a nombre y beneficio de un cliente llamado Dolina. Tal vez usted, que finge leerme, esté reemplazando a alguien que no se atreve a confesar que los mitos de Flores lo tienen harto.

    II  Los gobiernos, lo mismo que las personas particulares, viven preocupados por la opinión de los de afuera. Continuamente sugieren a la población la necesidad de mejorar lo que se llama imagen exterior.
    Para lograrlo se promueve la difusión de nuestros aspectos más brillantes. Cuando nos visitan los extranjeros, se les muestran nuestros rincones más presentables, se les hace comer una empanada y se les obliga a escuchar a la orquesta de Osvaldo Pugliese.
    La exaltación de nuestros méritos va casi siempre acompañada de un cuidadoso disimulo de nuestros defectos. Además, en tren de aparentar y a falta de extranjeros, se suele hacer bandera ante los propios criollos.
    Con toda insistencia se señala que los médicos argentinos son los mejores del mundo, para no mencionar a los enfermos. Si se produce algún desperfecto en una transmisión internacional, los locutores se apresuran a aclarar que el jarabe se ha originado en el satélite alemán, con lo cual nos quedamos todos tranquilos.
    La actitud temerosa del juicio ajeno es proverbial en el periodismo. Hace poco una cronista aprovechó su paso por Roma para consultar a los transeúntes italianos acerca de nuestra nueva situación institucional. Los televidentes recibieron varias reflexiones, expresadas en cocoliche que, en general, nos perdonaban la vida. Al final de la encuesta, la cronista no podía ocultar su satisfacción. Habíamos pasado la difícil prueba de agradar a los heladeros de la Vía Marguta.
    No estaría mal recurrir al Servicio de Ayuda al Impostor para perfeccionar nuestras representaciones ante los extraños.
    La solvencia de la organización nos permitiría aparentar cualquier cosa: que tenemos 100 millones de habitantes, que somos prósperos, que somos poderosos. Se podrían editar censos adulterados y mapas fraudulentos que nos muestren en el doble de nuestra extensión.
    Manuel Mandeb recomendó alguna vez la conveniencia de fingirnos el Japón, para desconcertar a nuestros enemigos. El pensador de Flores proponía que todos nos estiráramos los ojos con los dedos y habláramos pronunciando las erres como eles.
    Aquí se nos viene encima una duda: ¿no será que otros países ya nos están engañando? La mentada potencia norteamericana puede ser nada más que una ficción creada por los impostores del norte. A lo mejor, Suecia es un país tropical, pero lo disimula. Quizá la Unión Soviética es una pequeña república del Africa y Luxemburgo es en verdad el mayor país del mundo.
    En todo caso, antes de encarar cualquier acción para mejorar nuestra imagen externa es indispensable decidir cuál es la sensación que se quiere dejar. Si dispersamos nuestros esfuerzos en simulaciones diferentes e inconexas, los resultados habrán de ser más bien confusos. Dígasenos de una vez qué fingiremos ser: ¿una nación apacible? ¿una nación encrespada? ¿una nación limpia? ¿una nación angloparlante?
    Los tratadistas reconocen tres tipos de impostura: horizontal, ascendente y descendente. La última consiste en mostrarse peor de lo que se es. Y no faltan economistas que postulan este camino para despertar la conmiseración internacional.

    III Los teóricos más barrocos del Servicio creen que la impostura es un arte. Y más aún: afirman que todo arte es una impostura. Cien gramos de pinturas al aceite se nos aparecen como un rostro misterioso o como un paisaje lunar. Quinientos kilos de bronce pretenden ser el cuerpo de Hércules. Una curiosa combinación de tintas y papeles es presentada como el alma de un hombre atormentado.
    Solamente la música está libre de simulaciones. Un acorde en mi menor es precisamente eso y no pretende ser nada más.
    Los teóricos también han defendido el carácter ético de la impostura ascendente. El argumento principal no es muy novedoso: de tanto aparentar bondad, uno acaba por ser bueno.
    Faltan en esta monografía datos concretos que permitan al lector la contratación del Servicio.
    Lamentablemente, no es posible ofrecerlos.
    Para empezar, nadie sabe cuál es la ubicación de la entidad. A veces, el local asume el aspecto de un almacén. Otras veces, se aparece como un copetín al paso, o como una estación de ferrocarril. Los impostores son siempre consecuentes con sus representaciones y por más que uno les plantee sus necesidades, insisten en vender garbanzos, servir una ginebra o despachar un boleto de ida y vuelta a Caseros.
    Es cierto que a menudo aparecen impostores ofreciendo sus servicios. Pero la organización ya ha advertido al público que se trata en realidad de falsos impostores que deben ser denunciados a la policía.

    IV  Vaya uno a saber cuántos ridículos firuletes habremos hecho los criollos para agradar a los polacos y coreanos.
    ¿Estaremos bien? ¿No seremos una nación fuera de lugar? ¿Qué pensarán de nosotros estos visitantes holandeses? ¿Le ha gustado nuestra autopista, señor Smith? ¡Cuidado, disimulen que ahí viene un francés! ¿No estaremos desentonando en el concierto internacional?
    Yo creo que tal vez no importa desentonar en un concierto que parece dirigido por Mandinga.
    Vale la pena intentar el camino difícil, el más penoso, el más largo pero también el más seguro. Es el camino de la verdad. El que quiera parecer honrado, que lo sea. El que quiera fama de valiente, que se la gane a fuerza de guapeza.
    Y si queremos que el mundo piense que somos una gran nación, sepamos que lo más conveniente es ser de veras una gran nación.
    Mientras llegan esos tiempos, podríamos empezar a fingir que no fingimos.

jueves, 23 de febrero de 2012

"Today I woke up sucking a lemon"*

La siguiente transformación será a un ser vivo con capacidad de desplazamiento.


- “No comprendo”, dicen. Here comes the pain!
Es como ver una obra de teatro que evocara otras tantas escenas ya vistas, pero esta vez desde el escenario y sin haber leído el guión. Pude usar mi ingenio para alentar ideas retorcidas y para digerir la cena (nunca entendí cómo funcionaba), pero jamás recibí un abrazo por semejante proeza. Visto en perspectiva, demasiado fantástico.
Me dejé persuadir para ser una persona cuyas elecciones me entristecen, aunque sean buenas elecciones. A pesar de eso, lo agradezco; ahora el cielo, la tierra y el mundo son mucho más grandes.
Otra vez, la vida transcurre, mezclada con imágenes que sintetizan 25 años de (in)experiencia. Me gustaba caminar como niña descalza sobre la madera. Era como flotar en un diluvio que no moja. Ya no me deslizo por las mañanas y a la tarde necesito el espacio, el olor a lluvia y el sabor del café. También extraño el damasco, el eucalipto que ordenaron cortar por una mala decisión y hasta la indiferencia de medio día. Recuerdos forzados y oxidados. “Y eres joven y la vida es larga…” La verdad es que mis pulmones duelen.
Odio las telarañas, las órdenes disfrazadas, las tristezas, las confidencias, lo remoto y su estupidez y nuestra insistencia en volver atrás una y otra vez. Pero… siempre habrá otros escapes hacia ningún lado. No deberíamos intentar encajarlos a todos  en el mismo molde. Si lo hacemos, nos preguntamos por qué escapamos y volvemos a ser como fuimos.
Cuando es otoño, siempre miro de la misma forma.

“Cierra la puerta y
nadie tiene que saber
cómo estamos”.


* Originalmente, "Yesterday I woke up sucking a lemon",
del tema Everything in its right place, de Radiohead.

jueves, 16 de febrero de 2012

Incipiens


“Buenos, buenos días, es bueno ver que no eras solo un sueño.”


¿Eras vos a quien escuchaba cantar mientras perseguía sueños? No seas el sol, que se desvanece. Dale solo un minuto, y desaparecerá. No insistas en tu destierro, por favor. Hasta los arcoiris tienen fin.

domingo, 12 de febrero de 2012

Guitarra negra



ADVERTENCIA
Como nadie tiene conciencia del “control” de los manuscritos, y aun de existir dicha conciencia, ésta no intervendría en mi obra, sino como referencia simbólica a la licitud de la temática, propongo que se olvide cada palabra a medida que ella se lea.
L.A.S.



PARTE PRIMERA


(...)

V
Pido disculpas a los días de Pascua
por haberme roto la boca
con el humo de la adormidera.

Pido disculpas
a la gloriosa peluca
por haberla pisado
con mi aplanadora de estiércol.

Pido disculpas
A la muerte
por haberme reído
mientras transcurría.

Pido disculpas
al enano
por haberle vomitado un calibre.

Pido disculpas
al blanco asiento
por haberle escrito
mi nombre con sangre.

Pido disculpas al ratero
por haberle robado
la joya robada
y haberla arrojado a su cráneo.

Pido disculpas
por haberme borrado
de la foto a pinchar.

Pero no pido disculpas
por la alegría que tuve
sin saber por qué.


Luis Alberto Spinetta. Por Ángel. (Clic para ir a Flickr).

domingo, 5 de febrero de 2012

VIII



Primero. Autocita:

Y ver un mundo aparte

Mucha paciencia
Dejá de soñar, siempre estás soñando
Con universos paralelos
Está obsesionado por el recuerdo de un paraíso perdido
En su juventud o en un sueño, no puede ser preciso
Y ocultar cosas es inútil
Es poco inteligente
Demasiada lucidez
Murmuré un voto de silencio
Escuché las agujas del reloj
Esperé hasta el siguiente despertar,
y me deslicé hacia fuera.
 
Segundo. Lo extraño:
Es habitual que me roben algún pedacito de mi totalidad. Cada tanto me regalan unos gramos de euforia, que guardo celosamente para aspirarlos alguna que otra siesta o en las noches de fin de semana.
Las juntas de verdugos no calman mi desasosiego y los hombres sombra pierden el rostro rápidamente.
Cuando estoy despierta y cuando duermo me pregunto si su pose es real, o es una imitación de algún dios inmortalizado. No puede ser real, pero lo observé, desierto, sin que me viera. Aún si no es auténtica, está convencido de su corrección. Pretendí que todos los juramentos eran para mí, pero seguí viendo la imagen de una cama vacía.
Aún en contra de mis deseos: renuncio al desvelo, a las medicinas alternativas, a los dioses sordos y a las pesadillas. A las interpretaciones de segunda mano, a la literatura esotérica y a la calma infructuosa. Al auto convencimiento insincero y a la auto atribución errada.
Admito: rescisiones, persuasiones, equivocaciones, admisiones y denuncias.