Pretendo eliminar, entre otras, la palabra indecisión de mi vocabulario, pero el hecho de vivir en sociedad no ayuda.
He de probar por la vía directa designada en estos casos. Porque los caminos laterales no conducen a ningún destino.
Esta piedra terminológica en mi camino es tan incómoda que me he planteado la necesidad de exterminarla, pero cuanto más me esfuerzo en patearla, más se me hunde en los zapatos.
No comprendo esa resistencia, esa obstinación, ese cuerpo cortante.
Cuando voy a deshacerme de ella, se oculta, me engaña y juega conmigo.
A veces me olvido de su existencia, hasta que la encuentro en mis bolsillos.
Tenía razón Zbigniew cuando dijo, en su Poema a la piedra:
“Las piedras no se dejan domesticar
hasta el final nos mirarán
con su mirada tranquila clarísima”.
Metafóricamente hablando, fragmento de vida vivido en perpetua agonía, para luego, tal vez, ser atesorado y finalmente olvidado.

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