Me gustaría poder hablar, pero mi última naturaleza me lo impide. Verdaderamente lamentable, haberme convertido en un cactus, y con espinas. O en una ameba incapaz de cambiar.Pero hay que decirlo: ese convencimiento siempre me arruina los momentos y nos condena a un fracaso tan estúpido como irremediable.
Y también tengo que decir que estoy acá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario